Decreto gramatical

Regla número uno.
Son palabras absolutamente válidas:
- pa, como sinónimo de «para»;
- porfa, como sinónimo de «por favor»;
- toy, como sinónimo de «estoy».
- porsiaca, como sinónimo de «por si acaso»;
- sipo y nopo, como sinónimos de «sí» y «no».
Estas palabras podrán ser utilizadas en cualquier contexto, independientemente del grado de formalidad exigido.
Regla número dos.
La rayita oblicua que va sobre la vocal tónica de una palabra puede ser llamada acento sin que ello amerite cuestionamiento alguno. Hasta hoy, la respuesta:
«todas las palabras tienen acento, lo que tú quieres decir es “tilde”»
era considerado simple pedantería. A partir de ahora, será considerado un error gramatical: por regla, esas palabras no pueden usarse de ese modo en una oración.
Regla número tres.
Al enumerar una secuencia de reglas, cada una de ellas debe ser precedida con la frase «regla número x», reemplazando x por el número que corresponda. Los números no necesariamente deben ser correlativos.
Regla número cinco.
No será aplicado ningún castigo a quien no observe estas reglas, al menos mientras yo no ostente el título de Emperador del Universo, o cualquier cargo equivalente en términos de poder y glamour.
Regla número cuatro.
Si alguien cuestionara la validez de estas reglas argumentando que «la RAE no lo acepta», se le debe exigir exhibir o citar el documento que demuestre tal afirmación. Si el cuestionador, tras verse en tal aprieto, exigiera en respuesta un documento que valide las nuevas reglas, debe ser redirigido a este blog.
No conducir la discusión de esta manera constituye, desde hoy, un error gramatical.
Anótese, comuníquese, publíquese, tuitéese, coméntese y, porfa, cúmplase.
Cariñitos célebres del fútbol

La semana pasada hizo noticia el regalito que hizo Héctor Reynoso a Sebastián Penco en la visita de las Chivas a Everton. Lo que debió quedar simplemente como un moquito fraternal entre hermanos latinoamericanos fue amplificado artificialmente por la prensa, gracias a la fiebre del chanchito que mantiene a todos en la peor de las paranoias.
Un mexicano escupiendo habría pasado hace un mes tan inadvertido como un musulmán con turbante tomando un avión en agosto de 2001, y de hecho día a día futbolistas de todo el mundo se manifiestan su afecto de maneras tanto o más intensas sin causar tanto revuelo.
A continuación revisaremos algunos cariñitos clásicos entre futbolistas a lo largo de la historia, gracias a la cortesía de YouTube. Si quiere evitar hacer clics, he creado una lista de reproducción con todos los videos. Aquí vamos.
- Chilavert vs Roberto Carlos. Al final de un fraternal partido de eliminatorias, el calvo lateral va a saludar al portero guaraní y a desearle un buen descanso. Chila retribuye el afecto a quemarropa, y el brasileño corre a acusarlo con un reportero.
- El combo de Leonel. Chile recibe a Italia en el mundial del 62 (la fiesta universal del deporte y del balón, etcétera) y los europeos no se portan muy bien con sus anfitriones. El tano Mario David se pasa de la raya, Leonel Sánchez se pica y lo noquea. Afortunadamente el árbitro no se llamaba Bouchardeau y ni siquiera amonestó a Sánchez. Eventualmente Chile terminaría el mundial en tercer lugar, su mejor posición histórica en un mundial hasta el año que viene ;)
- El cabezazo de Zizou. Zidane estaba a cinco minutos de pasar a ser recordado como campeón de Italia, de España, de Europa y del mundo, y por joyas como el gol al Leverkusen y el panenka a Buffon. Pero el bueno de Materazzi decide enviarle cordiales saludos a su hermana, y el franchute lo derriba cuando todos los televisores del planeta lo observan. Francia pierde la final, y para quienes no lo conocían, Zidane se retira pasando a ser «el del cabezazo».
- La magnum opus del Chiqui. Luis Chavarría tuvo un paso breve por la Roja, pero será recordado para siempre por el patadón contra Francescoli, o más bien por declarar después del partido: «gracias a Dios lo lesioné». Lamentablemente no encontré el video de la patada al Príncipe; queda de tarea para el lector.
- Kung Fu Cantona. Eric Cantona se va expulsado en un partido de visita, y un hincha del equipo contrario le grita «¡franchute feo!». El ídolo del Manchester no se aguanta y patenta la patada voladora desde el campo hasta las gradas.
- Keane retira a Håland. El conflictivo Roy Keane se lesionó él mismo tratando de foulear al noruego Alf-Inge Håland. El irlandés se vengaría cuatro años más tarde con una patada tan fea que impidió que el escandinavo pudiera seguir jugando al fútbol. Keano admitiría después que fue intencional, que no se arrepentía, y que lo tenía planeado hace tiempo.
- Candonga Carreño vs Provincial Osorno. Juan Carreño es expulsado y Hernán Caputto corre a insultarlo. Candonga se pica, lo noquea y luego noquea al resto del equipo de Osorno. Al contrario de Keane, Candonga sí se arrepiente, y sabe que sus combos son famosos universalmente: «cuando aturden a un hueón en China ponen mi imagen en la tele».
- La atajada de Sessa. Gastón Sessa salta a atrapar un balón con el pie un poco más alto de lo habitual, más precisamente a la altura de los ojos de Rodrigo Palacio. Según él fue un lamentable accidente, pero como el Gato ya tenía antecedentes criminales sobre una cancha de fútbol, nadie le cree, ni su propio equipo le cree, y es echado de Vélez sin derecho a pataleo.
- El minuto de furia de Pepe. Hace un par de semanas no más, el portugués Pepe le cometió penal a Javier Casquero del Getafe con un suave empujoncito. Al parecer, consideró que su falta no había sido lo suficientemente dura, y lo remató en el suelo con dos patadas alevosas. Luego golpearía a otro rival, insultaría al cuarto árbitro, y terminaría su contrato publicitario como rostro de Armonyl.
- El «patoyáñez reverso» de Michel al Pibe. Para terminar, menos violencia y más sensualidad. Valderrama recibe todo el cariño de Michel mientras ambos esperan juntitos un córner en el área.
¿Cuál de todos estos fue su favorito? ¿Recuerda usted otro cariñito famoso del deporte rey? Queda el micrófono abierto.
Lo que hay que saber sobre las arañas de rincón
Fiel a mi promesa de bloguear cada dos meses (¿o era cada tres?, ya no me acuerdo), ya me ha llegado el momento de escribir algo en este rincón virtual, y qué más ad hoc que hablar sobre las arañas de rincón.
La araña de rincón es, junto con el cóndor, el huemul, el pudú y el canis urbanus, uno de los animales más típicos de Chile. Según el último censo, 9 de cada 10 hogares hospeda una araña de rincón, que casi nunca es ingrata y no suele hacer ostentación de su letal mordida.
Hace tiempo había decidido que un día sería mordido por uno de estos bichos, y estaba preparado mentalmente para enfrentarlo. Cuando hace unos meses apareció una molesta roncha en mi pierna, supe que había llegado el momento. Con la espada de la muerte arrinconándome contra la pared, me propuse sobrevivir para bloguearlo.
Lo primero era reconocer la mordedura. La roncha tenía dos pequeñas úlceras rojas, señal característica de la mordedura de araña de rincón. Inmediatamente puse hielo sobre la roncha, para evitar que el veneno vaya muy lejos.
Para estar seguro, tenía que estar en condiciones de reconocer a la criminal si la veía. Googleando aprendí la manera irrefutable de identificar a las arañas de rincón: tienen el cefalotórax con forma de violín. Mmm, eso no es de mucha ayuda: yo nunca he visto un violín. Otro rasgo típico es que tienen sólo tres pares de ojos, a diferencia de otras arañas. Mmm, ni siquiera sabía que las arañas tenían ojos.
¿Tendría tiempo para salvarme, o mejor me sentaba a redactar mi testamento? Todavía había tiempo, pues la lesión aún no se expandía. Típicamente, la zona se enrojece y crece de volumen después de algunas horas, y cuando el veneno ha causado daño, la piel adquiere un color violáceo. Debía actuar lo más rápido posible.
Justo antes de correr al hospital, encontré en la web un número de teléfono al que podía llamar para pedir más información: el del Centro de Información Toxicológica de la PUC. Llamé al (2) 635 3800, y me contestó un amable caballero, cuyo nombre no recuerdo, por lo que me referiré a él como Mitch Buchannon. Al principio lo imaginé con una cotona blanca, bigote de brocha y sosteniendo un tubo de ensayo, pero después preferí pensar que vestía máscara y capa de superhéroe, y que estaba en su guarida rodeado de chicas.
Le manifesté mis sospechas, mis certezas y mis temores, y cada una de las medidas que había tomado, con la precisión del paciente mateo que cree que sabe lo que está haciendo. Mitch me escuchó con admirable paciencia. O tal vez preocupante indiferencia.
—¿Te duele mucho la mordedura?— me interrogó.
—Molesta un poco, pero no me duele mucho— respondí.
—Entonces —suspiró— no te mordió una araña de rincón—. En ese momento aprendí algo interesante: al parecer, una mordedura de rincón duele más que la cresta. —Igual, ve cómo evoluciona y si empeora anda al hospital— concluyó con sabiduría.
Me adelanté a la predicción de Mitch y partí de inmediato al hospital. Hice hora un rato afuera del Servicio de Urgencias esperando empeorar un poco. De pronto llegó una ambulancia, de la que sacaron a un pobre tipo en lamentables condiciones. Cuando la puerta de vidrio se cerró a su paso, me vi reflejado en ella. Jovial. Sano. Hermoso. Mitch tenía razón, ¡yo no iba a morir! Agradecido de mi fortuna, regresé y tomé medidas para evitar una nueva experiencia cercana a la muerte.
En el camino de regreso pasé a comprar un buen aracnicida. Apenas llegué a la casa hice aseo profundo y cometí aracnicidio. Lo importante es fumigar los lugares oscuros y ocultos, ya que ahí es donde se esconde la araña de rincón.
Sin embargo, no todas las arañas son malas. De hecho, la incomprendida araña tigre es nuestra mejor amiga: es la depredadora natural de la araña de rincón. Si usted encuentra una araña tigre, ¡no la mate! Hay personas que ejercen la política «si tiene ocho patas, aplico zapato», lo que tiene tanto sentido como combatir la delincuencia matando policías. Hay que saber reconocer a la araña tigre, cuidarla y venerarla.
Yo sé que las arañas son desagradables para la mayoría de la gente, así que he evitado poner fotos de ellas. Pero como quiero evangelizar sobre la araña tigre, he decidido mostrarla de la manera más amigable posible, para que vayamos aprendiendo a tomarle cariño.

La araña tigre es fácil de reconocer: tiene patas flacas, largas y atigradas. Además, no es cobarde y no se da por aludida aunque uno la moleste. Si crees haber encontrado una, prueba tocándole una pata con un lápiz. Si no se mueve, pues es ella. La araña de rincón, al contrario, es cobarde y veloz, y ante cualquier amenaza corre a esconderse. Si todo esto parece muy complicado, éstas son las reglas elementales para saber qué hacer cuando te encuentres una arácnida en tu casa.
- Araña cobarde y veloz: aplica zapato, aracnicida y haz aseo.
- Araña atigrada y amistosa: protégela como a tu hija, pero igual haz aseo.
- Araña distinta de las anteriores: da lo mismo, es una wannabe pusilánime. Puedes seguir viviendo en tu chiquero.
Por supuesto, en la red hay mejor información sobre las mortales arañas que la que puedes encontrar aquí. De todos modos aprovecho mi experiencia cercana a la muerte para concientizar sobre este tema. En un próximo artículo, seguiré con esta línea y daré consejos para combatir plagas de pudúes.