Del día que me pidan

Carcaj

Publicado en Bitácora por Roberto Bonvallet en 19 de Noviembre de 2009

Por motivos que no viene al caso explicar, recientemente he tenido que estar creando gráficos como el siguiente:

Gráfico de un campo de velocidades.

Para crear estos gráficos utilizo un sistema cibernético de software computacional al que puedo dar instrucciones para generar diversos tipos de gráficos. En particular, para obtener estas imágenes de flechitas existe una orden llamada quiver. Cada vez que yo invoco «¡quiver!» y le entrego al ordenador los datos numéricos matriciales virtuales, el sistema construye el gráfico correspondiente y me lo entrega con mecánica obediencia.

Intrigado por tan misteriosa instrucción, quise saber qué significa la palabra inglesa quiver, que jamás había escuchado en otro contexto, para saber cómo referirme apropiadamente a ella en castellano y dejar de decirle «la cosa con flechas». ¡Y resultó ser que un quiver era justo eso: una cosa con flechas!

Foto de un quiver con flechas.

La traducción al español la encontré en una discusión en el foro del excelente sito WordReference.com: en español, un quiver es un carcaj o una aljaba.

¿Por qué no conocía yo estas palabras tan maravillosas? En especial carcaj, podría (¡y lo haré!) andar diciéndola todo el día. Carcaj. Carcaj. Carcaj. No me canso. Y es más: al tiempo que escribo sobre este feliz descubrimiento, me construyo mi primer carcaj artesanal, para comenzar a usarlo mañana mismo sobre las vestiduras. Y espero que, si me ves, me preguntes por él, y podremos conversar amenamente y decir «carcaj» a la pasada unas cuantas veces. ¿En qué momento de la historia pasó al olvido este accesorio tan prodigioso? ¿Por qué repelemos hoy al invasor con tanques y aviones, armas efectivas del arsenal de guerra, pero totalmente ajenas al arsenal de palabras armoniosas?

Así es como decreto que la palabra del día es «carcaj».

Aprendí los peligros del sol de la peor manera

Publicado en Bitácora por Roberto Bonvallet en 12 de Noviembre de 2009

Mi inexperiencia como bañista de sol me jugó chueco el fin de semana.

Antes de sacarme la polera y echarme bloqueador, estuve un rato tendido al sol dejando sólo al descubierto picaronamente mi ombligo. El resultado fue una hermosa franja colorada en la guata:

Quemadura en la guata

Y como olvidé echarme bloqueador en las piernas, además me gané unas patas de pancora:

Quemadura en la pierna

No es mi primera experiencia cercana a la muerte, así que ya tengo la capacidad para conservar la serenidad y sacar dos importantes enseñanzas de la desgracia:

  • ¡caramba, qué peligroso es el sol!: un ratito de exposición fue como pasarme un soplete por la guata;
  • ¡caramba, qué efectivos son los bloqueadores!: el resto del cuerpo aguantó como un campeón el equivalente a pasarse un soplete.

El sádico roce de las sábanas y del pantalón me recordaron durante toda la semana que debía compartir mi desgracia, aunque eso significara tener que exponer al mundo mi poco sensual ombligo. Si logré convencerte de que no tomes sol sin protección, ello habrá valido la pena.

Análisis del debate presidencial

Publicado en Bitácora por Roberto Bonvallet en 24 de Septiembre de 2009

Debate
Desde el comienzo, tu candidato se vio nervioso, y apeló a los ataques personales cuando se quedó sin nada que decir. Por otra parte, mi candidato no dubitó a la hora de decir las cosas por su nombre y de responder a las acusaciones en su contra.

Tu candidato sólo presentó soluciones parches, sin abordar los problemas importantes. Lo opuesto a mi candidato, que destacó por la coherencia y solidez de su propuesta de proyecto país.

Tu candidato prometió cosas que todos sabemos que son imposibles de llevar a cabo. Mi candidato mantuvo los pies en la tierra, y cada una de sus propuestas estuvo fundamentada en bases sólidas.

Tu candidato llevó un séquito de barristas que sólo se dedicó a destruir el diálogo. No como mi candidato, que se ganó aplausos espontáneos y verdaderos con cada una de sus acertadas intervenciones.

Tu candidato fue demagogo, y sólo dijo lo que la gente quería escuchar. Mi candidato, por su parte, fue el único que supo recoger el sentir de la ciudadanía

Tu candidato demostró que está dispuesto a hacer cualquier cosa por llegar al poder. Mi candidato emocionó por su entrega a la misión de conducir al país.

Tu candidato renunció a sus principios por caerle bien a la gente, y no merece ser presidente por su inconsecuencia. Mi candidato, como siempre, destacó por su entereza valórica y su apego a la ética.

Tu candidato no dijo nada nuevo, y sólo se dedicó a repetir las mismas cosas que hemos estado escuchando por años. Mi candidato, en cambio, demostró tener visión de futuro y capacidad de mirar hacia adelante.

En resumen, tu candidato fue el gran perjudicado de la noche. Y sin lugar a dudas, el gran ganador del debate fue, por lejos, mi candidato.