Del día que me pidan

Lo que hay que saber sobre las arañas de rincón

Posted in Bitácora by Roberto Bonvallet on 28 \28\UTC abril \28\UTC 2009

Fiel a mi promesa de bloguear cada dos meses (¿o era cada tres?, ya no me acuerdo), ya me ha llegado el momento de escribir algo en este rincón virtual, y qué más ad hoc que hablar sobre las arañas de rincón.

La araña de rincón es, junto con el cóndor, el huemul, el pudú y el canis urbanus, uno de los animales más típicos de Chile. Según el último censo, 9 de cada 10 hogares hospeda una araña de rincón, que casi nunca es ingrata y no suele hacer ostentación de su letal mordida.

Hace tiempo había decidido que un día sería mordido por uno de estos bichos, y estaba preparado mentalmente para enfrentarlo. Cuando hace unos meses apareció una molesta roncha en mi pierna, supe que había llegado el momento. Con la espada de la muerte arrinconándome contra la pared, me propuse sobrevivir para bloguearlo.

Lo primero era reconocer la mordedura. La roncha tenía dos pequeñas úlceras rojas, señal característica de la mordedura de araña de rincón. Inmediatamente puse hielo sobre la roncha, para evitar que el veneno vaya muy lejos.

Para estar seguro, tenía que estar en condiciones de reconocer a la criminal si la veía. Googleando aprendí la manera irrefutable de identificar a las arañas de rincón: tienen el cefalotórax con forma de violín. Mmm, eso no es de mucha ayuda: yo nunca he visto un violín. Otro rasgo típico es que tienen sólo tres pares de ojos, a diferencia de otras arañas. Mmm, ni siquiera sabía que las arañas tenían ojos.

¿Tendría tiempo para salvarme, o mejor me sentaba a redactar mi testamento? Todavía había tiempo, pues la lesión aún no se expandía. Típicamente, la zona se enrojece y crece de volumen después de algunas horas, y cuando el veneno ha causado daño, la piel adquiere un color violáceo. Debía actuar lo más rápido posible.

Justo antes de correr al hospital, encontré en la web un número de teléfono al que podía llamar para pedir más información: el del Centro de Información Toxicológica de la PUC. Llamé al (2) 635 3800, y me contestó un amable caballero, cuyo nombre no recuerdo, por lo que me referiré a él como Mitch Buchannon. Al principio lo imaginé con una cotona blanca, bigote de brocha y sosteniendo un tubo de ensayo, pero después preferí pensar que vestía máscara y capa de superhéroe, y que estaba en su guarida rodeado de chicas.

Le manifesté mis sospechas, mis certezas y mis temores, y cada una de las medidas que había tomado, con la precisión del paciente mateo que cree que sabe lo que está haciendo. Mitch me escuchó con admirable paciencia. O tal vez preocupante indiferencia.

—¿Te duele mucho la mordedura?— me interrogó.

—Molesta un poco, pero no me duele mucho— respondí.

—Entonces —suspiró— no te mordió una araña de rincón—. En ese momento aprendí algo interesante: al parecer, una mordedura de rincón duele más que la cresta. —Igual, ve cómo evoluciona y si empeora anda al hospital— concluyó con sabiduría.

Me adelanté a la predicción de Mitch y partí de inmediato al hospital. Hice hora un rato afuera del Servicio de Urgencias esperando empeorar un poco. De pronto llegó una ambulancia, de la que sacaron a un pobre tipo en lamentables condiciones. Cuando la puerta de vidrio se cerró a su paso, me vi reflejado en ella. Jovial. Sano. Hermoso. Mitch tenía razón, ¡yo no iba a morir! Agradecido de mi fortuna, regresé y tomé medidas para evitar una nueva experiencia cercana a la muerte.

En el camino de regreso pasé a comprar un buen aracnicida. Apenas llegué a la casa hice aseo profundo y cometí aracnicidio. Lo importante es fumigar los lugares oscuros y ocultos, ya que ahí es donde se esconde la araña de rincón.

Sin embargo, no todas las arañas son malas. De hecho, la incomprendida araña tigre es nuestra mejor amiga: es la depredadora natural de la araña de rincón. Si usted encuentra una araña tigre, ¡no la mate! Hay personas que ejercen la política «si tiene ocho patas, aplico zapato», lo que tiene tanto sentido como combatir la delincuencia matando policías. Hay que saber reconocer a la araña tigre, cuidarla y venerarla.

Yo sé que las arañas son desagradables para la mayoría de la gente, así que he evitado poner fotos de ellas. Pero como quiero evangelizar sobre la araña tigre, he decidido mostrarla de la manera más amigable posible, para que vayamos aprendiendo a tomarle cariño.

Araña tigre amistosa.

La araña tigre es fácil de reconocer: tiene patas flacas, largas y atigradas. Además, no es cobarde y no se da por aludida aunque uno la moleste. Si crees haber encontrado una, prueba tocándole una pata con un lápiz. Si no se mueve, pues es ella. La araña de rincón, al contrario, es cobarde y veloz, y ante cualquier amenaza corre a esconderse. Si todo esto parece muy complicado, éstas son las reglas elementales para saber qué hacer cuando te encuentres una arácnida en tu casa.

  • Araña cobarde y veloz: aplica zapato, aracnicida y haz aseo.
  • Araña atigrada y amistosa: protégela como a tu hija, pero igual haz aseo.
  • Araña distinta de las anteriores: da lo mismo, es una wannabe pusilánime. Puedes seguir viviendo en tu chiquero.

Por supuesto, en la red hay mejor información sobre las mortales arañas que la que puedes encontrar aquí. De todos modos aprovecho mi experiencia cercana a la muerte para concientizar sobre este tema. En un próximo artículo, seguiré con esta línea y daré consejos para combatir plagas de pudúes.